¿A quién se le pide permiso para morirse?

¿A dios?

¿Al universo?

¿A mamá?

¿A papá?

¿A los extraños en internet?

¿A las amigas?

¿A los hermanos?

¿A las abuelas que ya murieron?

Hace años leí por primera vez la frase: cuando tengas tantas ganas de morirte, no hagas tanto ruido y solo hazlo.

Tanto ruido y aún así busco desaparecer.

¿Quiero morir?

Siempre digo que sí.

La veces que la casualidad me ha llevado a un paso, termino sintiendo amor por la vida.

La muerte debe estar tan ocupada que no estoy dentro de sus prioridades.

Jamás lo intentaré por mí, no tengo el temple.

Pero, ¡qué cansado!

Existiendo, viviendo solo a mitad de la capacidad en un cuerpo casi funcional.

¿Para que invertir en su recuperación si de cualquier forma desea el final?

Un alma que de ambición solo ha querido encontrar al amor de su vida.

Es tan ridícula que no puede amarse a sí.

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