Entrevista corta: Un domingo que cayó en miércoles

La depresión es un padecimiento clasificada dentro de las enfermedades mentales, se estima que con la pandemia del COVID-19 habrá más personas con este diagnostico.

Vivir con depresión no es fácil para los enfermos, tampoco para sus círculos más cercanos. Muchos pueden ser funcionales, debido a las responsabilidades cotidianas, sin embargo, muchos otros sólo se quedan en algún lugar mientras observan cómo transita la vida.

Es una enfermedad mental que si bien se experimenta de forma distinta en cada una de las personas, muchas veces requiere de asistencia clínica, de terapia y de redes de apoyo sumamente sólidas y sinceras.

Yo no soy quien para diagnosticar si la tristeza que sientes es crónica o no, es mejor pedir ayuda, acercarse a gente experta en el tema. Pero a veces justo es que no sabemos cómo o a quien pedirle ayuda.

Hice una entrevista con una persona en recuperación, sabemos que aunque una sólo experiencia no define a las demás, ilustra un poco el contexto cotidiano de las personas que padecen depresión.


¿Cómo es la vida de una persona con depresión?

“Hm… en mi caso, creo que lo normal dejó de serlo. Lo primero fue aceptar que soy una persona enferma. Con ayuda de mi psiquiatra aprendí que es real el cómo me siento y cómo percibo la vida; una tristeza crónica y no es que me la pase llorando todo el tiempo.

O sea sí hay momentos en donde siento mucha desesperanza por la vida, pero también tengo días “buenos” en donde simplemente no se me hace pesado existir. No sé si respondí la pregunta, pero así es para mí.

Recuerdo que cuando por fin me acerque a pedir ayuda, la primera sesión de terapia fue sumamente difícil, yo no podía hablar. Sólo lloraba y lloraba, me acercaron la caja de pañuelos, como pude vomité algunas palabras. Desde ese momento me dejaron pequeñas tareas y eso me ayudó bastante: descomponer el día en pequeñitos actos.

En ese entonces lo más difícil para mí era poder levantarme de la cama, antes por lo menos me levantaba porque tenía que cumplir con ciertos compromisos y era responsable de algunos proyectos.

Pero llegó un día en el que dejé que el tiempo avanzara, comencé a llegar tarde a todos los lugares. Porque primero era encontrar una motivación para levantarme y después para cumplir con todo el protocolo de la ducha, el cambio de vestimenta y todo eso.

Los días en que no tenía compromisos podía pasármela el día entero entre las cobijas, mirando el techo, llorando, dando vueltas cada que se me cansaba una de las costillas. No me duchaba, no tocaba mi pelo y evitaba comer para no tener que levantarme tanto. Ahí fue cuando pedí ayuda.

La terapia ayuda, no te voy a mentir. Pero gran parte del trabajo para mejorar lo haces tú, estoy en recuperación. No te voy a mentir, aún existen días en los que puedo pasar muchísimas horas en la cama sólo existiendo, pero ahora me celebro cuando puedo si quiera levantarme y estar más horas fuera de ella.

¿Podemos saber qué causó tu depresión?

“Claro, una acumulación de muchas circunstancias a mi alrededor. Y otros eventos que no me gusta mencionar ni recordar.

Pero en general ahora sé que no es lo único que puede influir para una depresión; hay algunas personas que se enferman porque sus cuerpos no generan suficientes neurotransmisores, otras veces influyen factores hereditarios y muchas otras veces el contexto en el que están viviendo.

Lo que me explicaron en las sesiones clínicas fue que hay ciertos factores que nos pueden volver más o menos vulnerables, pero esto tampoco significa que estemos predestinados a padecerla o no. “

¿Por qué mencionaste que hoy parece domingo?

“Ja, ja, ja.

Cuando me llamaste justo estaba en uno de estos días “no tan buenos” en donde estaba buscando convencerme de salir de la cama. Usualmente me pasaba los domingos porque era el día menos ocupado dentro de mi vida, llegué a odiarlo porque creía que había algo en él que me hacía sentir más tristeza de la “normal”, bueno, la normal para esta enfermedad.

La recuperación es paulatina y es cierto que gran parte de la mejora la hace uno, pero es una bendición tener redes de apoyo, amistades que te mandan mensaje y te preguntan si ya te alimentaste o por tus planes y tu día. Y más en un contexto como este, el de una pandemia.

Actualmente continúo en terapia, tomo mis medicamentos y en general los días han mejorado. Pero no te lo voy a pintar todo color esperanza y bello, porque no lo es; como todo proceso tienes que invertir en diversos ámbitos. Porque en general nada es gratis, también lo digo por el factor económico, esa es otra realidad que se afronta.

Por un tiempo estuve sin trabajo y tuve que suspender mi tratamiento, en terapia me ayudaron un poco disminuyendo el costo de las consultas. Y por el otro lado trataba de realizar y poner en práctica todo lo que había estado aprendiendo en las sesiones, así que lento pero avanzo.”

¿Qué opinas del “échale ganas”?

“Ahora me lo tomo con humor y hasta es una broma privada entre algunos colegas de terapia y yo. En general llega a ser bastante molesto escucharlo todo el tiempo, pero si nos ponemos del otro lado, en general nunca sabemos qué decirle a un enfermo más que “échale ganas”.

Yo sé que muchas personas no lo hacen con malas intenciones, lo hacen porque justamente somos muy abiertos para hablar de muchas cosas, menos de nuestra salud mental.

Aunque los échale ganas que sigo sin tolerar son los de las personas que me dicen que no debo deprimirme si lo tengo todo, que hay personas en peores condiciones que las mías.

En terapia he aprendido que no debo infravalorar el cómo me siento, y que es rudo, pero cada persona lleva una batalla que no conoces. Eso también me ha llenado de empatía, no debo compararme con nadie más en ningún sentido y mucho menos en la depresión.

Es curioso porque en un comienzo yo a mis amistades más cercanas no les había contado que iba a terapia, por esto mismo del échale ganas y que cuando lo hice la mayoría minimizo las circunstancias. Las comprendo, por lo mismo de que no nos enseñan a cuidar de nuestra salud mental, pero en su momento me sentí sin apoyo.

Creo que debemos comprender que todos nos encontramos en distintas realidades, que a veces muchos andamos con una sonrisa por la vida, pero no sabes si a esa persona lo que le acabas de decir le va a afectar más o no. La depresión me ha vuelto un poco más amable o eso creo, eso me gustaría pensar.”

Mencionaste que no te habías levantado hasta que te llamé. ¿Qué cambió?

“Creo que justo todo el trabajo que he hecho durante estos años desde mi diagnostico. Celebro cuando puedo levantarme, además de que me gusta pensar que podría ayudar a alguien a pedir ayuda si lee lo que te dije.

Sé que no soy el centro del universo, ni lo espero. Pero sí sé lo difícil que puede ser pedir ayuda, más si no tienes las costumbre de depender de alguien más.

En mi recuperación creo que el rodearme de personas sinceras y llenas de amor es lo que me ha ayudado bastante. En los días más confusos sólo recuerdo todo ese amor bonito y ya no parece tan pesada la vida, aún así tengo mis días como hoy. Un domingo en pleno ombligo de semana.”

Gracias por la entrevista.

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