Cuento corto: La puertita de tu corazón

Toc, toc, toc. Llamé a la puerta que me encontré en ese laberinto, ya había recorrido yo otros caminos, todos cerrados, parecía que la única forma de seguir era la esperanza de que esa puerta se abriera.

Toc, toc, toc. Primero deslice mis toques amablemente, fui persistente y nada.

Toc, toc, toc. Decidí hacerlo con mayor fuerza, a lo mejor era lo que faltaba, decisión y ser constante en el ritmo con que se hacía; y nada.

Toc, toc, toc. Hola. ¿Alguien que esté del otro lado de la puerta? Añadí voz a mi petición de entrada —o de salida—. Había pasado tanto tiempo que ya no recordaba muy bien cómo había llegado hasta ahí.

Toc, toc, toc. Con el cansancio el sonido que hacia a dueto con la puerta se hizo cada vez más bajo; me desmayé o me dormí o ambas.

Soñé que por fin abrían la puerta, todo estaba obscuro, ni rastro de luces. Algo llamó mi atención justo cuando tropecé con aquello. Mi corazón, mayugado.

¿Cuánto tiempo pasó hasta que lo volví a ver?

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