Te extraño

Desde este momento en mi vida te aprecio desde la distancia, desde la memoria que va a unirnos —se quiera o no—.

Te extraño, pero en silencio. Ese silencio que sólo hace ruido en mí, pensarte se queda entre las ideas; sin embargo no hay peligro de que llegues a enterarte pues todo sucede en esta cabeza, ajena de ti.

Me llegó este día, en el cual no necesito gritar que te extraño; igual lo escribo. Sólo viví, continué. No creo que sea la edad, pero sí lo que el camino trajo con ella. Siempre es curioso como algo se acomoda para que terminemos como los ejemplos más repetidos.

¿Cuándo saldremos limpios de los mismos cometidos del tiempo? Será… la edad, el cambio climático, la música del vecino, las tantas veces absurdas o quién sabe qué será.

Extrañando cielos, personas y lugares

Cuando escribo este párrafo sé exactamente la lista de los cielos, las personas y cada uno de los lugares a los cuales extraño.

Pero no los extraño a todos de la misma forma; por un lado, sobre muchos de los elementos jamás tuve el control de su límite en el tiempo; por el otro, no puedo comparar las añoranzas.

En este asunto no existen puntos de comparación. ¿De dónde viene la necesidad insana de compararlo todo? ¿Evolución del cerebro? En parte, pero no lo es todo.

Me retomo. sin hacerme más líos que los que arrastró ese silencio sordo del te extraño.

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