Cuento corto: 365-1

Los habitantes del planeta Zç se encontraban reunidos en la plaza, pues era el día del Gran sorteo. Sería hoy cuando la persona afortunada se daría a conocer.

Los presentes se miraban ansiosos, pero su murmullo se fue apagando cuando Dios salió al balcón.

El silencio llegó de forma paulatina, Dios sólo requería de su presencia para tener la atención de todos en Zç. Con una sonrisa les dió la bienvenida, como cada año explicó los motivos del sorteo:

El ganador del sorteo no sufriría desgracia más que sólo por un día de los 365.

La población siempre se veía tentada a participar, pues eran más los creyentes de que era una bendición el sólo sentirte desdichado un día del año.

Cabe mencionar que el entrar en el sorteo nunca era obligatorio, pero cada año tenía millones y millones de participantes.

En la superficie que un solo día fuera el malo no sonaba mal. Pero eran sólo las letras pequeñas en el contrato, Dios podría escoger incluso el fin del mundo como el único día malo para el ganador y no necesariamente sería el último.

El precio de jugar con Dios en el planeta Zç.

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