Te leo con un ojo abierto y el otro soñando

En algún momento de mi adolescencia jugué con estas palabras, la necedad de no dormir con tal de esperar a que alguien del otro lado de la pantalla —y toda la infraestructura— respondiera.

¿Lo volvería a hacer como hace diez años? No.

Eso de volver en el tiempo no me resulta —incluso aunque fuera posible— una opción real. Personalmente me uno a la idea colectiva de que somos quienes somos debido a nuestros pasos por ciertas circunstancias.

Desde fuera tomar/observar/criticar situaciones es más fácil que cuando estamos dentro.


Te leo con un ojo abierto y el otro soñando

Porque estoy aquí, de verdad aquí,

La espera se queda con mi sonrisa frente a la pantalla.

¡Qué pronto llegue el mensaje o la foto!

¡Qué pronto llegue para poder interpretar!

¡Qué pronto llegue tu ok o jajaja para poder ir a dormir!

Ya no resisto, los ojitos, me despido de ti.

Escribo esto con un ojito abierto y el otro soñando —contigo, obviamente—.

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