Ja, ja, ja. ¿Tiene de qué reírse?

Amplificación escrita originalmente el 26 de octubre del 2015.

Hoy cualquiera hace reír a la gente; cualquiera escribe unas cuantas palabras y las llama literatura; cualquiera toma fotografías y se autonombra fotógrafo; cualquiera lee las noticias de hoy y da por sentado que está informándose. Falsamente llegamos a creer: si podemos realizar ciertas actividades, nos da la seguridad de que sabemos hacerlas, pero no siempre.

Entonces ¿Eso qué importancia tiene con los cómicos y ser gracioso? Para mí “hacer reír” es arte; yo nunca he sido artista y difícilmente lo seré –no todos podemos-, en nuestra ignorancia confundimos el arte con la fama –yo lo llegué a confundir-.

La causa de que existan “comediantes” como Polo Polo o Franco Escamilla, la muchedumbre les aplauden porque nunca han visto algo diferente, se conforman con malas palabras, estereotipos de género y los personajes de siempre: los borrachos, los Godínez, las amas de casa, el cornudo. Y sólo por mencionar algunos; lo más triste de todo es que lo justifican con “esto es parte de lo que somos y de la cultura mexicana”.

Muchos años viví en una población que pintaba más como pueblo que como zona urbana -y creo que no ha cambiado mucho-. No voy a detallar mi niñez dentro de mi casa, porque ocasionalmente salía de ella, pero cuando salía lo que más me sorprendía era la gente. La masa encerrada en sus propias creencias y formas de percibir la existencia, sin siquiera dar oportunidad a descubrir costumbres nuevas.

Con respecto a su sentido del humor siempre me resultó soez, entre groserías y chistes que aludían al doble sentido. En contra parte, recuerdo las mañanas de los domingos con mi televisor encendido en el canal once y la transmisión de las películas de Chaplin –siendo el idioma una barrera de mi aquel entonces-.

Puedo contar de la mala comicidad porque crecí en un ambiente lleno de esta, recuerdo llegar a la secundaria y escuchar chascarrillos de Polo Polo, incluso a los profesores repetirlos, carcajearse y competir por “el mejor” chiste. Vienen a mi memoria programas como Guerra de chistes porque mis compañeros llegaban al día siguiente presumiéndolo. Tristemente me reí muchas veces de ellos, pero nada comparado a lo que sentí cuando me presentaron a Buster Keaton.

Entre todos los cómicos que se sugirió investigar y analizar, mi favorito es Buster Keaton. Después de ver Seven Chances, vi algunas comedias más de él; me fascina la constancia de su cara y expresiones. En One week además de la actuación, los efectos especiales con la casa me dejaron como la cinta: muda. La torpeza de este personaje es natural, algo que no muchos logran en pantalla, fluye muy bien con las escenas y la historia. Lo que transmite es puro de una manera muy sencilla, pero que funciona bien.

Me resulta muy agradable que cada una de las películas que vi retrató escenarios, épocas y soluciones diferentes; el ingenio es algo que estaba olvidando mencionar. Me refiero a la inteligencia del personaje –para ciertas circunstancias-, sobre todo para salir de las dificultades que llegaban a surgir. Finalmente es sorprendente que tan sólo con ver sus movimientos corporales me haya divertido tanto.

Buster Keaton era gracioso porque no se esforzaba en serlo, su esfuerzo implicaba la planeación de otros aspectos como el guion, la coreografía y la innovación. La gracia era el resultado del cuidado y el detalle, me atrevería a asegurar de que su primera ocupación era entregar algo de calidad y honesto. Encontró su estilo de comedia.

¿A dónde quiero llegar con esto?

El humor, la comedia y lo gracioso va más allá de sólo hacer reír. En lo cotidiano encontramos muchas circunstancias que ejecutadas de forma sesuda podrían resultar trascendentes. A eso deberíamos aspirar -creo yo- a reírnos con sentido y honestamente, no sólo por el flujo de la tendencia.

Pero estoy consiente de que lo anterior es más una idealización. Seguirán existiendo shows de stand-upers, los memes y demás. No le resto su relevancia porque hoy nos han demostrado su alcance; pero en una analogía son el fast food de la comedia.

La comedia si fuera comida

La comedia sólo para hacer reír es la comida rápida fast food. Esta que se consume muchas veces más por el antojo que por los nutrientes que puedan aportarnos. La que nos hace creer que su sabor es inmejorable y sacia más el placer de comer que al hambre real.

Ahora, por el otro lado la comedia planificada desde su origen. Podría tocar la comida casera y saludable, esa que nos hace sentir de vuelta en casa. Aquella que es una delicia entre mordidas, que no sólo nos nutre sino que nos llena el alma.

Hoy es muy difícil que no consumamos comida rápida, entre nuestros hábitos y el ritmo de todo. Pero de vez en cuando procuremos no sólo llenarnos de ésta, busquemos no complicarnos la salud del alma sólo entre soluciones prácticas y rápidas. Lo saludable también puede ser práctico si se planea.

2 comentarios sobre “Ja, ja, ja. ¿Tiene de qué reírse?

    1. Sin duda alguna la memelogía viene a replantear el humor de nueva cuenta, en un comienzo sólo daban risa. Hoy podemos encontrar algunos tan planeados para transmitir información, les podemos rescatar la capacidad de síntesis. Ahora creo que no es que sean malos ni buenos, sólo nos movemos en otras circunstancias.
      Buen día y gracias por leernos.
      (:

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