Querido extraño

Desamarte

Desaprenderte

Despedirte

Destruirte, no a ti, a tu recuerdo.

Los amores no vuelven nunca de la misma forma.

Fuimos jóvenes, muy jóvenes. Le hicimos honor a ese lugar común.

Fuimos necios y tontos. Pero el amor existió.

Fuimos tantos besos de espera entre semáforo y semáforo.

Fuimos arranques innecesarios y brutos.

Fuimos deseo y desvelos de provecho.

Fuimos lo que no regresa.

No he vuelto a sentir una complicidad tan natural como la que fue contigo.

Sin ti, la vida continúo. No nos hicimos falta, lo único que conservamos. Un sentido de pertenencia, algo que fuera nuestro.

¿Cuántos –nuestros– habrán muerto hasta hoy?

Tus pestañas largas, el huequito de tu pecho, tu rostro cuando dormías, la forma en la que caminabas y el sonido de tu risa.

Ojalá también leas el pasado con cariño, ojalá.

Permaneces, siempre sólo como un buen recuerdo.

Somos otros, y qué bueno. Desde entonces no sé nada de ti. Espero tampoco sepas de mí.

Ahora para mí, lo que fuimos constituye un aprendizaje. Forma parte de quien soy ahora.

Un lenguaje extinto. Uno que se marchitó y el cual traje del olvido para darle un lugar en el cementerio de los amores que ya no son.

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